Abogado y profesor
"Muchos productos que compramos están hechos por prisioneros tibetanos"
maría bonillo | a coruña 04.11.2013 | 02:06
FOTO: Esteve, en un despacho de la Universidad. / germán caballero
Hasta hace siete meses, Hu Jintao era el presidente de China y tenía inmunidad diplomática. Tan solo una semana después de dejar el cargo que ostentó durante diez años, el abogado José Elías Esteve Moltó, investigador de la Universidad de Valencia, y letrado del Comité de Apoyo al Tíbet (CAT), amplió e incluyó al exmandatario en la querella contra dirigentes chinos por la represión en la zona. La Audiencia Nacional lo imputó en octubre como genocida.
– Son 50 años de represión en el Tíbet. ¿Qué se ha hecho hasta ahora?
-Desde el punto de vista judicial, es la primera querella. El resto son presiones, resoluciones de la Asamblea General de la ONU, donde se reconoce el derecho de autodeterminación, pero China lo veta todo en el Consejo de Seguridad.
-¿Qué implica esta imputación de la Sala de lo Penal de la Audiencia?
-Este hombre ha pasado de ser un estadista a ser un genocida. Se demuestra que tenía implicación directa en el genocidio tibetano. Él era el que daba las órdenes cuando era el presidente de China, desde 2003, como desde 1988 a 1992, cuando era el secretario del Partido Comunista en el Tíbet. Eso es lo que ha aceptado el tribunal.
-¿Con qué dificultades se han topado hasta ahora?
-Desde el momento en que se admitió la primera querella, en 2006, los portavoces del Gobierno chino dicen que se van a deteriorar las relaciones entre España y China. Siempre amenazan con lo mismo.
-¿Y en el plano judicial?
-La oposición del fiscal ha sido sistemática. Fue un proceso largo. Hemos tenido que traer a muchas víctimas, que están repartidas por todo el mundo, lo que ha supuesto un gran esfuerzo para la asociación. La mayoría están en el exilio en India y tienen miedo a declarar porque todavía tienen familiares en el Tíbet. El juez decidió tomar declaración a través de comisiones rogatorias y la Interpol va al domicilio de la víctima. Ya fueron a Suecia, Suiza, Bélgica, EEUU, Canadá…
-¿Supone esto un desgaste de la Justicia española?
-Para nada. Cero euros ha aportado la Justicia española al caso. Lo financiamos todo con campañas y con dinero de nuestro bolsillo. Cuando la Interpol fue a la India, el Gobierno dijo que no reconocía la justicia universal y que no podían entrar. Así que no tuvimos más remedio que traer a esas víctimas por nuestra cuenta.
-¿Cómo ha respondido China ante la resolución?
-Como siempre. La embajada protestó, nos acusaron de ser unos separatistas, de difamar a su gobierno…
-¿Y el Gobierno español?
-No, no nos han dicho nada, pero ya sucumbieron a la presión directa de China. En 2009, en solo dos semanas el PP y el PSOE se pusieron de acuerdo para modificar la ley orgánica del Poder Judicial. El Tribunal Constitucional interpretaba antes que no era necesaria una conexión nacional para abrir procesos extranjeros. Ahora, por la presión de China, Israel y Estados Unidos, se pide que haya una conexión. Aquí la tenemos, hay una víctima española.
-¿Nos queda muy lejos el Tíbet?
-La violación de derechos humanos en China afecta a los ciudadanos europeos. La deslocalización de empresas se aprovecha de la vulneración de los derechos humanos allí y provoca desocupación aquí. Muchos productos que compramos están hechos por prisioneros tibetanos en centros de internamiento.
-¿Cómo llega un abogado a emprender esta causa?
-Todo salió de mi tesis doctoral. Saltó el caso Pinochet y pensé en hacer lo mismo. También es parte del trabajo del Instituto de Derechos Humanos de la Universidad. Después dicen que la actividad académica no tiene conexión con la sociedad.




