Desde la inesperada postulación de Pekín hasta la pandemia del coronavirus, China ha logrado cumplir sus promesas y amedrentado a sus críticos.
Hace siete años, cuando el Comité Olímpico Internacional se reunió para elegir al anfitrión de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2022, el líder de China, Xi Jinping, envió un breve mensaje en video que ayudó a inclinar la balanza en una votación reñida y controvertida.
China tenía poca experiencia con los deportes de invierno. En las lejanas colinas donde se realizarían los eventos al aire libre cae poca nieve. En ocasiones, la contaminación era tan densa que le decían “Aeropocalipsis”.
Xi se comprometió a resolver todo esto y arriesgó su prestigio personal en lo que parecía una apuesta audaz. “Cumpliremos todas las promesas que hicimos”, les dijo Xi a los delegados olímpicos en la reunión celebrada en la capital de Malasia, Kuala Lumpur.
Cuando solo quedan unos días para la celebración de los juegos, China ya cumplió. Ha superado los obstáculos que alguna vez hicieron que la postulación de Pekín pareciera una posibilidad remota y se enfrentó a otros nuevos, incluida una pandemia interminable y la creciente preocupación internacional por su comportamiento autoritario.
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