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Stuart Butler
BBC Travel
2 octubre 2022
Luego volvió su atención al salón de clases donde estaba instruyendo a jóvenes monjes novicios.
Le di las gracias, cerré la puerta detrás de mí y me alejé del monasterio. Lejos del pequeño pueblo de Thame con sus sólidas casas de piedra y campos de cebada y papas. Lejos de los enormes picos del Himalaya. Y lejos del beyul.
Según una creencia integral en la escuela Nyingma del budismo tibetano -establecida en el siglo VIII y la más antigua de las cuatro escuelas diferentes-, un beyul es un lugar donde los mundos físico y espiritual se superponen.
Son valles paradisíacos ocultos cuya ubicación solo se revelará en momentos muy específicos, cuando el mundo esté bajo una enorme tensión y en peligro de destrucción por guerra, hambruna o plaga.
En esos momentos, se cree, un beyul se convierte en un refugio armonioso en un mundo inestable.
«Un beyul es un lugar sagrado y un santuario al que los lamas (maestros del budismo tibetano) pueden llevar a la gente en tiempos difíciles», explicó Frances Klatzel, autora de varios libros sobre la cultura budista y del Himalaya, incluido Gaiety of Spirit – the Sherpas of Everest.
Pero no cualquiera puede ingresar a un beyul, agregó. Solo puede hacerlo un verdadero budista con un corazón puro que haya superado enormes pruebas y dificultades.
Según los budistas nyingma, tratar de ingresar a un beyul cuando no se cumplen todas las condiciones puede llevar a la muerte.
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