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EL MUNDO.es: TERREMOTO DE NEPAL 'La tierra venía hacia nosotros' (vídeos)

EL MUNDO.es: TERREMOTO DE NEPAL 'La tierra venía hacia nosotros' (vídeos)



  • Una avalancha de rocas se llevó todo en el pueblo de Langtang en pocos segundos

  • Entre las víctimas se cuentan muchos tibetanos, que vivían en el pueblo como refugiados

 

Los equipos de rescate dicen que el pueblo Langtang es una sombra de lo que fue. Quizá ni eso. La fuerza que llevaba la avalancha de nieve, piedras, troncos y barro que atravesó el valle sepultó todo lo que encontraba a su paso. A muchos se los llevó por delante cuando salieron poco antes de sus casas, aterrados por el terremoto previo, pensando que fuera estarían a salvo. Por eso, los supervivientes conservan un trauma difícil de superar. Y ahora, cuando sienten una réplica menor, se levantan de su sitio, miran hacia todos lados y van de un sitio a otro angustiados por sus seres queridos. Ésta es una escena común en el campamento de refugiados instalado a las afueras de Katmandú, junto al monasterio budista Yellow Gompa en Swayambhu, donde viven unos 150 habitantes de aquel valle convertido en una tumba masiva.

Karpu Tamang, de 12 años, corrió junto a su padre bajo una lluvia de piedras que le hizo pensar que en el fin del mundo. "Iba camino de Rimchie cuando sentí el terremoto. Empecé a correr y cuando llegamos comenzaron a caer piedras rápidamente. La Tierra venía hacia nosotros. Vi rodar tres rocas del tamaño de una casa y otras como tiendas de campaña", relata este chico que sigue entero gracias a que demostró una entereza descomunal para huir de aquel horror. Llegó a la capital siete días después, tras "un largo viaje en autobús y andando más de siete horas" para sentirse a salvo. Su padre no fue con él, volvió a Langtang en busca de supervivientes.La madre de Karpu perdió la vida en el alud devastador como también lo hicieron unas 200 personas en su pueblo natal.

El valle, tras venirse abajo la montaña de Lirung y provocar una ola expansiva imparable que llegó a la ladera contigua, es un pasto de escombros que sobrecoge a quien se atreve a verlo. Allí trabaja el equipo de rescate canino de Nepal con la intención de recuperar los cuerpos para que sus familiares les brinden un digno adiós. Como el que recibirán el centenar de cadáveres hallados en los últimos días. Durante las primeras jornadas, los rescates fueron complicados por la inaccesibilidad del lugar, donde sólo se puede llegar con helicóptero. Los tibetanos cuentan que los pocos que llegaban se destinaban a la evacuación de turistas y heridos.

Los que sobrevivieron ven pasar el tiempo en el campamento improvisado de la capital desde hace cinco días. Hablan de sus cosas y realizan plegarias por sus muertos. En la gran carpa hay sobre todo mujeres, ya que muchos hombres se han ido a Kyanjin Gumba -a 3.830 metros de altitud- a buscar desaparecidos o están en el aeropuerto pidiendo ayuda. Aunque muchos nepalíes han vuelto a sus casas tras una semana viviendo en tiendas, los tibetanos, siguiendo las palabras del Dalai Lama, continúan al aire libre por si la tierra se vuelve a abrir.

La mayoría de supervivientes del parque natural de Langtang viven porque el día del terremoto estaban fuera del valle. A otros les pilló de lleno en casa. Como a Pasang Dindup, que tiene el brazo izquierdo roto en cabestrillo y la mano hinchada por la fuerza del alud. "No corrí, me quedé en una esquina de mi casa y protegí a mi hija cubriéndola con mi cuerpo, abrazándola", cuenta el agricultor de 44 años. Pasang quedó sepultado en su hogar pero pudo salir abriendo un pequeño hueco.

Los refugiados esperan que las próximas lluvias del monzón se lleven la nieve y el barro que inunda su valle en la frontera con la región tibetana reclamada por China. Solo entonces podrán reconstruir sus casas pero saben que el lugar se convertirá en una montaña de cadáveres. También son conscientes de que la fuerza del monzón será un gran problema si no tienen casas para guarecerse. Por ahora están a la espera de que el gobierno nepalí ponga su situación en su agenda, aunque sin grandes esperanzas. El campamento se mantiene con la ayuda de templos budistas y vecinos de la zona. Los gestores del sitio calculan que podrán aguantar una semana. A Dhamjhoe Tamang, de 40 años, le quedan tres hijos vivos de cuatro. Eso cree, al menos, por lo que le han dicho de ellos sus amigos de Kyanjin, porque no los ha visto todavía.

"No quiero que vengan aquí porque sé que la ayuda de los budistas se acabará y no tendremos nada", afirma esta mujer que quedó cubierta de nieve entre dos rocas que le cayeron encima hasta que horas después tres porteadores escucharon sus gritos y la sacaron.

 


Data noticia: 
Miércoles, 6 Mayo, 2015
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