Casa del Tibet

Noticias

EL MUNDO: El Tíbet en pleno Eixample

EL MUNDO: El Tíbet en pleno Eixample

 

En 1994 el Dalai Lama, líder espiritual y político del pueblo tibetano y premio Nobel de la Paz, visitó Barcelona para inaugurar la Casa del Tibet. Se trata de una asociación que nace con la intención de difundir la milenaria cultura del pueblo tibetano, así como de defender sus derechos. Actualmente, este centro implementa un programa de apadrinamiento de ancianos exiliados e hijos de refugiados que huyeron del régimen chino y que han nacido en países como India o Nepal. Entre ellos, el propio Dalai Lama, quien huyó del país en 1959. Además, desde esta asociación se llevan a cabo varias acciones de reivindicación de derechos humanos en el Tíbet.

La sede actual se encuentra en la calle Rosselló y es un espacio abierto a cualquier persona que tenga interés en conocer la cultura tibetana o participar en las actividades del centro. En él se pueden apreciar pinturas o esculturas de arte tibetano y curiosidades como la gran maqueta del palacio del Potala, traída expresamente del Tíbet, que parece custodiar el acceso a la sala de exposiciones. Allí, lo primero que se ve al entrar es lo que a los ojos de un occidental aparenta ser un tapiz pero que en realidad está hecho con arenas de distintos colores. Se trata de un mandala, creado por cuatro monjes que tardaron 10 días en hacerlo y que perdura protegido por una vitrina como recuerdo, pero cuyo destino debería haber sido ser destruido inmediatamente una vez finalizado. Mediante esta práctica de aniquilar una obra de arte nada más terminarla, los monjes tibetanos simbolizan la "impermanencia" o transitoriedad de todos los fenómenos de este mundo, incluida nuestra propia vida.

El mandala y los banderines de tela con breves textos en lengua tibetana conviven con las diversas exposiciones que van pasando por la sala como la actual, una de fotografías de varios países asiáticos que, junto con la diversidad de actividades del centro, es un ejemplo de la filosofía de intercambio cultural que promueve esta asociación "abierta a todas las culturas tradiciones y razas", como recuerda el monje Thubten Wangchen, fundador de la Casa del Tíbet.

De esta misma tolerancia está precisamente impregnada toda la filosofía de esta religión que promueve el respeto por todo ser vivo, y que nunca ha sido impuesta por la fuerza sino que ha sabido adaptarse a las costumbres de los pueblos que la han adoptado, como es el caso del Tíbet. No en vano, llegada de la India se fusionó con el folklore local.

Junto a la sala de exposiciones se encuentra la mini gompa (sala de meditación), cuyas paredes están decoradas en su totalidad con coloridas pinturas que explican la vida de Buda, y la sala de textos sagrados, donde se guardan envueltos en tela y en pequeños compartimentos decenas de escritos originales donados por el Dalai Lama.

Tanto en estas dos salas como en la gran gompa de la planta inferior se puede llegar a tener la sensación de estar en un templo del Tíbet, sobre todo si al acceder se encuentra uno con un tibetano que prepara la sala para la sesión de meditación de la tarde, abierta a todo el mundo, y que tiene la amabilidad de detener su tarea para explicar su visión del budismo. La conversación con Sonan es pausada. Las cientos de estatuas de la gran sala parecen escucharle con la misma paciencia que él mismo reivindica al explicar que "el occidental se acerca al budismo buscando resultados rápidos, y por eso se suele decepcionar".

Sin embargo, en el budismo la paciencia no está reñida con la diligencia, sino que se enfatiza en el concepto de la "impermanencia" para tener presente que nuestro tiempo en esta vida es limitado. Por ese motivo se debería saber aprovechar de la manera más conveniente. "Cada día, cuando vuelvo a casa, veo a muchos jóvenes bebiendo cerveza en los bares. Al perder su tiempo están desperdiciando su vida", explica Sonan.

La actitud igualmente amable del resto de tibetanos de este centro, que se encuentra justo al lado de una iglesia católica, contribuye a aumentar el ambiente de tolerancia que se respira en él y que evoca la posibilidad de una convivencia entre religiones que tanto dificultan, actual e históricamente, algunos fanatismos.

 

 

Data noticia: 
Lunes, 18 Abril, 2016
Tipo: 
Notícia sobre la Casa del Tíbet