Casa del Tibet

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Derechos Humanos

Derechos Humanos

La masacre del 10 de marzo de 1959

Comemoración del aniversario del alzamiento del pueblo tibetano

El 10 de marzo de 1959 de una forma espontánea surgió una gigantesca manifestación pacífica en las calles de Lhasa, donde se pedía la independencia del Tíbet y el final de la represión china, ésta fue brutalmente aplastada por los chinos; se estima que 87.000 tibetanos murieron.

El Dalai Lama y sus familiares tuvieron que disfrazarse para conseguir escapar de las tropas chinas. El 28 de marzo de ese año, el chino Zhou Enlai anunció que el Tíbet estaba bajo control chino. Poco después los chinos nombraron el Panchen Lama jefe de estado. El Dalai Lama atravesó la frontera con cerca de 100.000 tibetanos. Se establecieron en Dharamsala, al norte de la India, donde fijaron el nuevo gobierno en exilio, así como la sede del monasterio personal del Dalai Lama, el Namgyal.

El gobierno indio ofreció tierras en el estado de Karnataka (al sur del país), donde actualmente hay cerca de 10.000 exiliados y donde se construyeron nuevas sedes para los monasterios de Drepung, Sera y Ganden.El 21 de octubre, La Asamblea de las Naciones Unidas aprobó una resolución que deploraba la supresión de los derechos humanos en Tíbet. El 9 de marzo de 1961 se aprobó una resolución similar.

En 1962 una parte del Partido Comunista Chino exigió que el Panchen Lama calificase al Dalai Lama como "reaccionario y traidor". Sin embargo el Panchen Lama envió un documento a las autoridades chinas donde describía la destrucción sistemática que estaba sufriendo el Tíbet. Poco después el Panchen Lama fue encarcelado y sólo sería liberado en 1977.

En 1965 el Tíbet fue convertido formalmente en una región de la República Popular China y Pekín anunció que la región debería sufrir una firme transformación socialista. Durante la Revolución Cultural, la guardia roja maoísta intensificó la persecución antirreligiosa y destruyeron miles de monasterios y monumentos budistas.

A finales de la década de 1970, tras el final de la Revolución Cultural, China mitigó gradualmente su política hacia el Tíbet. Entre 1979 y 1984, el Dalai Lama envió dos delegaciones a Pekín, intentando llegar a un acuerdo. Dichas conversaciones no llegaron a nada concreto ya que, los chinos, sólo querían discutir el retorno del Dalai Lama en el Tíbet y no los problemas de derechos humanos, situación legal, represión, etc.

Los chinos admitieron en 1980 que el Tíbet había sido gobernado mal y anunciaron reformas en la región, permitieron las actividades religiosas y reconstruyeron algunos monasterios destruidos por la guardia roja en un esfuerzo por mejorar sus relaciones con el pueblo tibetano.

En octubre de 1987 y mayo de 1993 hubo violentas manifestaciones de protesta contra el gobierno chino, las autoridades chinas respondieron con varias medidas como la represión violenta de la disidencia, la severa supervisión de la actividad religiosa y la inmigración de colonos chinos de la etnia han para superar en número la población nativa.

El 24 de enero de 1989 el Panchen Lama condenó la invasión China diciendo que había traído "más destrucción que beneficios"; cuatro días después moría de un supuesto "ataque al corazón". A los pocos días su maestro y algunos familiares también morían víctimas de un "ataque al corazón". En marzo China impuso la ley marcial y, pocos meses después sucedió la matanza de estudiantes chinos en Pekín. Ese mismo año, el Dalai Lama recibió el Premio Nobel de la Paz siendo, desde ese mismo instante, duramente criticado e insultado por el gobierno chino. (Tanto el Dalai Lama como a quien le habían concedido el premio). En agosto de 1993 se mantuvieron conversaciones entre los chinos y los representantes del Dalai Lama, si bien no consiguieron cambios sustanciales en la política china.

La Bandera del Tibet

bandera del TibetLa bandera nacional tibetana, uno de los símbolos prohibidos por las autoridades chinas, está íntimamente conectada con los apellidos del Tíbet y tiene una antigüedad de miles de años.
Esta versión de la bandera del Tíbet fue introducida en 1912 por S. S. el Decimotercero Dalai Lama, Tubten Gyatso (1875-1933), siendo la bandera oficial del Tíbet con antelación a la invasión china de 1950.

Su significado

  • El triángulo blanco, representando una montaña de nieve, simboliza a la nación Tibetana conocida como "la tierra rodeada de montañas de nieve".
  • Los seis rayos rojos simbolizan las seis tribus Tibetanes originales; alternadas con rayos azules que simbolizan a sus divinidades protectoras.
  • El Sol simboliza la Libertad y la Felicidad.
  • Los dos leones de las nieves simbolizan los hombres y mujeres Tibetanos protegiendo las tres joyas del refugio budista: Buda, sus enseñanzas (Dharma) y su comunidad (Sangha).
  • El símbolo circular de dos colores simboliza el equilibrio entre el cuerpo y la mente.
  • El borde amarillo, opcional, simboliza el florecimiento del budismo en todas direcciones.

El himno del Tíbet (Gyallu)

Gyallu es el himno nacional Tíbet y se centra en el resplandor de Buda. El texto fue escrito por el Venerable Triyhang Rimpoché alrededor de 1950, pero no está claro exactamente cuando fue utilizado por primera vez el moderno himno del Tíbet, ya sea mientras el país estaba todavía bajo el control del Dalai Lama o en la primera administración del gobierno en el exilio, tras la invasión por parte de China.

La primera noticia de un himno (presumiblemente este) es de la época de 1949 a 1950 (cuando el país ya se enfrentaba a la amenaza de una invasión china) y se presentó en el marco de reformas que se había puesto en marcha para fortalecer el sentimiento patriótico del pueblo tibetano. Otro informe señala que el himno se presentó en el 14 º Dalai Lama en 1960, después de que se exiliara.

Independientemente de la fecha de adopción del mencionado himno, se dice que la melodía está basada en una pieza muy antigua de la música sagrada del Tíbet, y la letra es del tutor del Su Santidad el Dalai Lama, el Venerable Triyhang Rimpoché.

Este himno ha sido utilizado por los tibetanos en el exilio desde su aprobación, pero es estrictamente prohibido que se utilice dentro de la Región Autónoma del Tíbet, bajo pena de muerte.

La letra del Himno Tibetano

Gyallu
Si Zhi Phen De Dö Gu Jungwae Ter
Thubten Samphel Norbue Onang Bar.
Tendroe Nordzin Gyache Kyongwae Gön,
Trinley Kyi Rol Tsö Gye,
Dorje Khamsu Ten Pey,
Chogkün Jham Tse Kyong,
Namkö Gawa Gyaden,
ü-Phang Gung la Regh
Phutsong Dezhii Nga-Thang Gye
Bhod Jong Chul Kha,
Sum Gyi Khyön La
Dekyi Dzogden Sarpe Khyap.
Chösi Kyi Pel Yon Dhar
Thubten Chog Chur Gyepe
Dzamling Yangpae Kyegu
Zhidae Pel La Jör.
Bhöd Jong Tendrö Getzen Nyi-ö-Kyi
Trashi O-Nang Bumdutrowae Zi,
Nag Chog Munpae Yul Ley,
Gyal Gyur Chig.

Traducció al castellano del Himno Tibetano

Gyallu
Como tesoro que concede todos los deseos de felicidad y beneficio,
deje que la palabra del Buda se eleve, como diamante refulgente.
¡Oh Protectores!, Vosotros que vela por el inmenso reino de la
Doctrina y de los seres, de que pueda extender su amor
y compasión, como océano, sobre el mundo y el universo.
Que la cabeza del Emperador, coronada por ciento verdades,
alcance el cenit y que cubran de alegría y felicidad infinitas
el conjunto de las tres provincias tibetanas, para
que la prestigiosa gloria del poder espiritual y temporal irradie.
Que irradie la enseñanza del Buda en las diez direcciones
y que lleve la felicidad y la paz a todos los seres de los universos.
Que las cualidades de la Doctrina y del pueblo del Tíbet
resplandezcan como un sol de cien mil rayos bienhechores.
Que su brillante poder sea victorioso en el combate
contra la oscura ignorancia y que guarde para siempre
la independencia del Tíbet.

Gendun Choekyi Nyima

XI Panchen Lama del Tíbet

Gendun Choekyi Nyima tenía 6 años cuando el gobierno chino lo secuestró junto con su familia pocos días después de haber sido llamado XI Panchen Lama por SS. el Dalai Lama.
Esto pasaba en 1995 y convertía Gendun Choekyi Nyima en el prisionero político más joven del mundo.

Once años más tarde, aunque nadie sabe dónde está ni cómo se encuentra.
El título de "Panchen Lama" se da al jefe espiritual que viene en segundo lugar en la jerarquía del budismo tibetano, después del Dalai Lama. "Panchen" es una palabra que viene del término sánscrito "Pandita": sabio, y del tibetano "chenpo": grande. Por los tibetanos los Panchen Lama son las emanaciones del Buda Amitabha, el Buda de la Infinita Luz. No tienen responsabilidades políticas, aunque son los encargados de dirigir la búsqueda de los nuevos Dalai Lama.

El 14 de mayo de 1995, tras seis años de investigaciones y consultas, SS. el Dalai Lama anunció que había encontrado el nuevo Panchen Lama: Gendun Choekyi Nyima, nacido el 25 de abril de 1989 en la localidad de Lhari (Tíbet). El nuevo Panchen Lama, de familia humilde, pasó todas las pruebas a las que fue sometido para su verificación como la undécima reencarnación del Panchen Lama.

El 17 de mayo, tres días después de su proclamación, Gendun y su familia desaparecieron. Durante un año, el gobierno chino no quiso dar ninguna información del lugar donde estaban el niño y sus padres. El 28 de mayo de 1996, la agencia oficial de noticias china Xinhua anunció que Gendun estaba "bajo la protección del gobierno a petición de sus padres, debido al riesgo de ser secuestrado por separatistas". En realidad, el 17 de mayo de 1995 un grupo especial del ejército chino, en una operación sorpresa y con aterrizaje de numerosos helicópteros en la aldea de Gendun, logró secuestrar el pequeño lama y trasladarlo a un lugar desconocido dentro el territorio chino.

El 29 de noviembre de 1996 el gobierno chino anuló el nombramiento del Panchen Lama hecho por SS. el Dalai Lama y, al mismo tiempo, anunciaba su propio nombramiento al cargo de Panchen Lama en la persona de Gyaltsen Norbu, un niño de la misma edad que en Gendun y que, casualmente, era el hijo de un miembro del Partido Comunista Chino.

Encontraras más información (en inglés):
www.tibet.ca/panchenlama/
(web oficial del Panchen Lama)
www.tchrd.org
www.casadeltibetbcn.org
www.savetibet.org
www.tibetoffice.org

El Camino Medio

Introducción a la política del Camino Medio y su história
Publicado por el Departamento de Información y Relaciones Internacionales, A.C.T., Dharamsala (India)

Su Santidad el Dalai Lama planteó la Propuesta del Camino Medio para resolver de manera pacífica el conflicto del Tíbet y proporcionar estabilidad y convivencia en los pueblos tibetano y chino basándose en la igualdad y la cooperación mutua. Esta es también la política adoptada democráticamente por la Administración Central Tibetana y el pueblo tibetano a través de una serie de debates mantenidos durante un largo periodo de tiempo. Esta breve introducción a la política del Camino Medio y su historia está dirigida al pueblo tibetano, dentro y fuera del Tíbet ya todas las personas interesadas en este tema, para ofrecer una mejor comprensión de las cuestiones implicadas.

Significado de la propuesta del Camino Medio

El pueblo tibetano no acepta la situación actual del Tíbet dominado por la República Popular de China, pero tampoco pretende la independencia del Tíbet, a pesar de ser un hecho histórico. La estrategia radica en encontrar un término medio y un sistema para lograr una auténtica autonomía, dentro de la estructura de la República Popular de China, para todos los tibetanos que viven en las tres provincias que tradicionalmente formaban el Tíbet. Esto se conoce como la Propuesta del Camino Medio, una posición imparcial y moderada que salvaguarda los intereses vitales de todas las partes implicadas. Para el pueblo tibetano representa la protección y conservación de su cultura, religión e identidad nacional; para el pueblo chino, la seguridad e integridad territorial de la patria y para los países vecinos y otros países significa contar con fronteras pacíficas y relaciones internacionales.

Historia de la propuesta del Camino Medio

A pesar de que el Acuerdo de los Diecisiete Puntos entre el Gobierno Tibetano y la República Popular de China no se logró en igualdad de condiciones o en consentimiento mutuo, Su Santidad el Dalai Lama-en interés del beneficio tanto del pueblo tibetano como el chino- en 1951 y durante ocho años estuvo haciendo todo lo posible para llegar a una solución pacífica con el Gobierno Chino. En 1959, después de su llegada a la región de Lokha junto con el Kashag, incluso entonces Su Santidad siguió en su empeño de negociar una solución con los dirigentes del ejército chino. Sus intentos de cumplir con los términos del Acuerdo de los Diecisiete Puntos son comparables a la Propuesta del Camino Medio. Lamentablemente el ejército chino desencadenó una dura ofensiva militar en Lhasa, la capital del Tíbet, y este hecho convenció Su Santidad el Dalai Lama que ya no había esperanza de convivencia con el Gobierno Chino. Bajo estas circunstancias, no tuvo otra opción que buscar refugio en la India y desde allí, en el exilio, trabajar para la libertad y la felicidad de todos los tibetanos.

Al poco tiempo de su llegada a Tezpur, (India) el 18 de abril de 1959 Su Santidad emitió un comunicado en el que explicaba que el Acuerdo de los Diecisiete Puntos fue firmado bajo coacción y que el Gobierno Chino había violado deliberadamente los términos del acuerdo. Por lo tanto Su Santidad manifestó que a partir de ese día el acuerdo sería considerado nulo y sin efecto y que velaría por la restauración de la independencia del Tíbet. Desde entonces y hasta 1979, la Administración Central Tibetana y el pueblo tibetano adoptaron la política de reclamar la independencia para el Tíbet. Sin embargo, el mundo en general ha ido convirtiendo cada vez más en interdependiente, políticamente, militarmente y económicamente. Por lo tanto ha habido grandes cambios en el estatus de independencia de países y nacionalidades. En China seguramente también habrá cambios y llegará el momento en que ambas partes entablarán negociaciones. Su Santidad desde hace mucho tiempo cree que para resolver el problema del Tíbet a través de las negociaciones, es más conveniente cambiar la política de la restauración de la independencia del Tíbet hacia una propuesta que beneficie tanto a China como el Tíbet.

Brazalete Rangzen

Braçalet RangzenEn la creencia tradicional tibetana, Chu-Mik Gu-dril (Nuevo "Ojos de agua trenzados") tiene el poder de protegerte del mal. Utilizando los nueve "ojos" en forma de amuleto, joya o tejiendo los mismos sobre la ropa se convierte en un arma contra el mal y las fuerzas demoníacas.

El diseño consiste en hilos blancos y negros (luz y oscuridad) entretejidos formando "ojos". Los dos colores representan las dos deidades protectoras del Tíbet. Los tibetanos también creen que usar un brazalete con los nueve "ojos" en la muñeca, por donde fluye el pulso esencial del cuerpo, da protección contra los desórdenes nerviosos.
Los hombres en el Tíbet cosen diligentemente los nueve "ojos" a sus hondas. Creen que esto aumenta el poder de la honda y la hace un arma más efectiva. De hecho, una honda es una de las nueve antiguas armas de Dra-lha, el Dios de la Guerra.

En 1988, dirigidos por el ya fallecido Yulo Dawa Tsering (Ven. Yulo Rimpotxé), los prisioneros políticos tibetanos comenzaron a utilizar brazaletes con los nueve "ojos" para protegerse de los "malvados" chinos, vistos por los tibetanos no sólo como sus opresores sino también como el enemigo del Dharma. Era también una protesta silenciosa contra las atrocidades chinas en el Tíbet y una marca de solidaridad entre ellos. Sin saber esta simbología, el guardias de las prisiones también empezaron a utilizar los brazaletes, quizá porque lo vieron como una costumbre "nativo" excéntrico pero inofensivo. Pero, cuando se dieron cuenta de su significado, las autoridades de la prisión en prohibieron el uso inmediatamente. Cuando se encontraba un prisionero utilizando el brazalete era castigado, muchos eran torturados e incluso se les alargaba la condena.

Popularmente conocida como "Rangzen" o "Brazalete de la Libertad", este símbolo de resistencia contra la opresión y su continua lucha por la libertad, es usada en todo el mundo por los tibetanos y por quienes los apoyan. Usar el "Brazalete Rangzen" es una forma de mostrar que conoces y que te importa la lucha del pueblo tibetano por su independencia.

Tradicionalmente, el brazalete se regala.

¿Otro genocidio en el Tíbet? *

*(Artículo de CARLOS PASTOR publicado el 26-04-2010 en El Punt Barcelona - El Punt Camp de Tarragona i Terres de l'Ebre - EL Punt Comarques Gironines).

Después de sesenta años de dominio sobre el Tíbet, el gobierno de Pekín continúa implacable. Las revueltas tibetanas de 1959, 1987 y 2008 se conservan en la memoria como paradigmas patrióticos contra el yugo invasor. Sucesivamente, China ha dado un portazo a cualquier propuesta autonomista. La cumbre del mes de febrero entre el Dalai Lama y el presidente de EEUU, Barack Obama, fue como un rayo de luz en medio de la oscuridad. ¿Pero habrá un antes y un después, a raíz de esta reunión, para un Tíbet tan castigado?

El alegato estadounidense en defensa de la causa tibetana se produce en una atmósfera de archicrónica parálisis en las relaciones sino-tibetanas y despierta un sinfín de interrogantes sobre el futuro del Tíbet, como si China continúa aplicando hay la represión, desde la fatídica revuelta de 2008, o si los crímenes del gobierno chino en este país se pueden calificar de genocidio.

Intentos de diálogo

Dos años después de la revuelta de marzo de 2008, China continúa imperturbable la obsesión invasora. Todos los intentos de diálogo han fracasado. Si dicha reunión se convertía en un hilo de esperanza, la realidad diaria confirma una tensión estratosférica.

Lo que pasará sólo puede interpretarse haciendo una mirada retrospectiva: ¿cuál ha sido la política china sobre su colonia durante cincuenta años de dominio?

Después de alegar la liberación de millones de esclavos como pretexto para conquistar el Tíbet, el gobierno de Pekín inició un proceso de propaganda escudada en este falso mensaje, según el cual el pueblo clamaba libertad del régimen budista. Mientras que China exigió una negociación como epílogo del conflicto, en un arrecife sin salida, el Tíbet fue compelido a concertar una autonomía limitada para algunas regiones, y las otras quedaron sometidas como provincias chinas, antiguamente tibetanas, y despojadas de autonomía.

La ficticia política autonómica pronto se vio como una clara sinización, con la aspiración de neutralizar la contraofensiva y conquistar la adhesión territorial y popular. Con el efecto de disturbios, revueltas y manifestaciones por todas partes.

Como colofón, el 10 de marzo de 1959 una pacífica manifestación independentista de 30.000 tibetanos acabó en revuelta. Se escribía así el prólogo del levantamiento tibetano, posteriormente sofocado por China, con el resultado de más de 10.000 tibetanos asesinados en sólo tres días.
Aplastada la revuelta, la meseta tibetana quedó empapada de la consigna de purificación cultural, consagrada hasta el extremismo.

Desde entonces, cada año los tibetanos salen a la calle para rememorar los hechos. El último episodio violento tuvo lugar en marzo de 2008, cuando monjes y civiles se manifestaron en memoria de la revuelta del 59. Como había pasado entonces, el ejército reprimió la multitud, e impuso la ley marcial hasta el Himalaya de la violencia. A la suma de víctimas civiles inocentes, se añadieron listas de sospechosos, registros de viviendas, detenciones, confinamientos y torturas de civiles, el decreto de hacer ondear la bandera china en todos los edificios y las identificaciones policiales de civiles.

Teléfonos intervenidos

Los monjes sólo podían salir del monasterio con permiso policial, y tenían los teléfonos pinchados. Este panorama de ley marcial, posterior a la revuelta, quedó silenciado por los medios. Dos años después, la violencia continúa en el Tíbet.

En definitiva, del endémico conflicto tibetano sólo se puede hacer un diagnóstico: represión. Desde la invasión de 1950 hasta 1980, han muerto más de un millón de tibetanos. Entre estos ciudadanos, 175.000 han muerto en la cárcel, hasta 156.000, en ejecuciones sumarias; 413.000, de hambre; 92.000, por torturas, y 10.000, por suicidio en las prisiones. Privados del derecho de autodeterminación y con la identidad nacional negada, cualquier manifestación pública de protesta de los tibetanos es concebida como una ilegal subversión separatista, que implica detención y prisión.

Del mismo modo, se ha prohibido cualquier celebración y expresión de afirmación tibetana; romper estas consignas conlleva la pérdida de trabajo, y en el caso de los monjes, la expulsión del monasterio. Los tibetanos que hablan con extranjeros, cantan canciones tibetanas o claman por el regreso del Dalai Lama acaban encarcelados, y los que pillan con alguna imagen del propio jefe del budismo tibetano son sancionados con una multa de 1.000 yuanes.

China vende ante la galería internacional un Tíbet complaciente y contrario a la vuelta del Dalai Lama, tergiversando la realidad del pueblo. Detrás de eso está el servicio de censura chino y el organismo del Frente Unido. Aliados del régimen, destruyen toda crítica gubernamental, con la cinematográfica y digital propaganda china, incluso censurando webs contrarios al gobierno. Se añaden los 80.000 cibernautas, guerrillas nacionalistas, mercenarios sobornados por el régimen, que introducen virus en portales contrarios a China. En la negada libertad ideológica, informativa y de expresión, se añade la prohibición de desplazamiento. Todos los tibetanos tienen vetado el pasaporte y prohibido salir de China. Del mismo modo, más de 150.000 refugiados tibetanos que han eludido la persecución china no pueden regresar a su país.

Con la petición de entrada y salida se exige un visado anexo que incluye una investigación policial, con interrogatorio sobre comportamiento e ideología. Se adopta un trámite de ropaje democrático que encubre un rosario de obstáculos para impedir el movimiento de los tibetanos. Todo ello empuja al éxodo 3.000 evadidos mensualmente, a destinos como India, Nepal y Bután. En el campo de la propiedad, hasta el 2007 más de 60.000 nómadas tibetanos han sido desplazados de sus tierras. A cambio de 500 yuanes mensuales por diez años. Subvenciones irrisorias por el valor de su propiedad. Cualquier intento de reclamar una mejor recompensa es desestimado por miedo a represalia.

Miles de ejecuciones 

En el Tíbet se producen miles de ejecuciones, detenciones silenciadas, torturas, arrestos arbitrarios de monjes, campesinos y ancianos, e incluso la desaparición de menores, muchos de ellos torturados. Y prisioneros políticos. Los tibetanos renuncian a luchar por sus derechos, lo que fomenta aún más el abuso de poder para impartir el terror. Paralelamente, la revolución cultural ha implicado la depuración cultural, religiosa y humana, con más de 6.000 templos destruidos y monjes asesinados o encarcelados. En definitiva, más de cuarenta años de represión religiosa.

Desde el principio, la revolución aplicó una abierta supremacía de celebraciones chinas. Esta política de erradicación cultural también ha afectado a los festivales musicales, los debates religiosos y la forma de vestir tradicional. Otra víctima del despotismo chino es el patrimonio ambiental. Memoria histórica, paisaje, espacio público y de veneración sagrada han sido alterados con la apertura de cerca de 2.500 minas, y el subsuelo tibetano ha convertido en un llama de 600.000 millones de yuanes. Haciendo caso omiso de la amenaza para el ecosistema, China se escuda en el imparable progreso evolutivo. Enmascarando la premeditada argucia de erradicar el patrimonio arqueológico, ambiental, histórico y urbanístico tibetano, por un lado se falsea la memoria histórica del Tíbet para los turistas, y por otro se destruye patrimonio urbano y ambiental con una pragmática meta: aniquilar la cultura y la identidad del Tíbet para llegar al K2 de dominio.

Conclusión: en vista del pasado y el presente del paisaje tibetano, podemos inferir un posible veredicto al interrogante expuesto en el preludio de esta crónica: se podrían calificar de genocidio, los crímenes de China? La Carta de Londres de 1945 definió genocidio de esta manera: «Crimen en contra de la humanidad, asesinato, exterminio, esclavitud, deportación, así como destrucción de un grupo nacional, étnico, racial o religioso; incluyendo la muerte o la lesión de la integridad física o moral. »Pues bien, en 1960 la Comisión Internacional de Juristas de la ONU bautizó la praxis china como« genocidio religioso ».

Los datos siguientes refuerzan la sentencia de 1960: entre 1959 y 1960 hasta 87.000 tibetanos fueron asesinados en el centro del Tíbet. La invasión provocó la muerte de 5.700 soldados tibetanos, y los 2.000 supervivientes fueron conducidos a campos de concentración y de trabajos forzados. Si la población de Lhasa había llegado a 300.000 habitantes, hoy las dos terceras partes son chinas.

En 2003 se hizo la estimación que en el Tíbet histórico había 6.000.000 de tibetanos, y que los no tibetanos llegaban a 7.500.000. En 2002 la administración china en el Tíbet era integrada por un 66% de chinos y un 16% de tibetanos. Por otra parte, ningún tibetano no puede acceder a altos cargos del Partido Comunista del Tíbet. Podemos confirmar, pues, que el gobierno de Pekín ha perpetrado persecución religiosa, destruyendo santuarios y manipulando la imagen budista; política, torpedeando la identidad nacional y el derecho a la autodeterminación, y étnica, aniquilando la cultura tibetana. Corroborada la tesis, podemos casar la política china con el genocidio. La represión iniciada bajo la ocupación llegó disfrazada con el estandarte de la vanguardia. El argumento del progreso ha servido como pretexto para legitimar la invasión. Estratagema encubridor de una progresiva colonización y de un genocidio camuflado para hacer crecer el imperialismo chino. Así es como ha actuado hasta ahora.

¿Ha habido transformaciones? Sí, económicas y al servicio exclusivo de China. En cambio, ninguna en el ámbito de la política. Mientras tanto, la comunidad internacional, víctima del temor y de la amnesia moral en relación con el poder del goloso mercado chino, calla y acepta el autoritarismo de Pekín. Las perspectivas de futuro, lejos de la intransigencia o la sumisión al gobierno de Pekín, transitan por canales pacíficos, ya sea el boicot económico o el equilibrio espiritual y pragmático humano. Ahora bien, mientras China atente contra los derechos y libertades, erosione la identidad tibetana, insulte el Dalai Lama, efectúe campañas de reeducación patriótica e impida el derecho de autodeterminación, aplicará genocidio. Mientras China no actúe de acuerdo con los principios de la ONU, cualquier cambio de horizonte resultará imposible. Poco pueden hacer las reuniones ovales. El futuro es, exclusivamente, a manos de China. ¿Podrá cambiar de actitud respecto al Tíbet? Sólo el clima político tiene la respuesta. El resto son meras hipótesis, apuestas para los amantes de la política.