Casa del Tibet

GRAN EPOCA: La cara oculta de la explotación china de la tierra y el agua tibetana

GRAN EPOCA: La cara oculta de la explotación china de la tierra y el agua tibetana

FOTO: Exiliados Tibetanos realizan vigilia con velas en Kolkata, marzo de 2012, por Jamphel Yeshi, quien se inmoló en Nueva Deli por la visita de Hu Jintao. (Dibyangshu Sarkar/AFP/Getty Images)

Cuando el premier chino Hu Jintao voló a Nueva Delhi el 28 de marzo de 2012, para la convención del BRIC, cayó en un terreno desconocido: Una democracia con libre prensa donde un refugiado tibetano de 27 años, Jamphel Yeshi, se adentró en una protesta pública, vertió kerosene sobre su cuerpo y se prendió fuego mientras gritaba que se pusiera fin a las atrocidades chinas en el Tíbet.

Por Maura Moynihan *
Vie, 13 Sep 2013

Las imágenes ardientes de India con Jamphel Yeshi quemándose, expusieron al mundo el costo del terror impuesto por China sobre el Tíbet, el cual se ha mantenido oculto por los últimos 61 años.

Desde el 16 de marzo de 2011, 121 personas dentro del Tíbet y seis fuera del país, se han prendido fuego en público en desafío al asalto comunista chino sobre la Fe budista, pero no hay periodistas o diplomáticos que den testimonio de la masacre, solo videos que se suben al internet.

Existe otra potente fuente para la explosión de la indignación tibetana, la cual recibe una despreciable cobertura internacional: La historia secreta del rapto y saqueo de las aguas y tierras ancestrales del Tíbet.

Las imágenes ardientes de India con Jamphel Yeshi quemándose, expusieron al mundo el costo del terror impuesto por China sobre el Tíbet

En el folklore asiático el Tíbet es conocido como “La casa del tesoro occidental”. Sus habitantes han sido cuidadosos administradores de este generoso terruño durante milenios. La bendición del Tíbet, su remota meseta, es ahora su dolor de cabeza: China controla el “tercer polo” con mano de hierro y no hay nadie quien lo detenga.

Los hechos elementales acerca del Tíbet no son ampliamente conocidos, ya que ningún mapa de la meseta tibetana revela los enormes recursos y la ventaja estratégica lograda con su captura.

El Tíbet es una entidad geomórfica única; sus 46 mil glaciares comprenden la tercera masa de hielo del planeta. Este “tercer polo”, está lleno de riquezas cristalinas de fauna, minerales, madera y sobre todo agua, que es un componente vital del ecosistema del planeta.

El Tíbet es la fuente del río Yangtze, Amarillo, Indus, Brahmaputra, Chenab, Sutleb, Salween y el río Mekong que fluye a través de 11 naciones alimentando a tres mil millones de personas desde Peshawar hasta Beijing. Hoy, uno de los más grandes ríos de Asia- el Ganges, el cual se eleva desde la meseta tibetana pero afortunadamente justo afuera de la frontera china, es controlado por el Partido Comunista Chino.

En el folklore asiático el Tíbet es conocido como “La casa del tesoro occidental”. Sus habitantes han sido cuidadosos administradores de este generoso terruño durante milenios. 

En el 2000, China lanzó un vasto proyecto de desarrollo titulado Xi bu dai fa, la apertura y desarrollo de la región occidental (de Xinjiang y Tíbet, quienes juntos comprenden la mitad de la superficie terrestre de China). Una masiva afluencia de chinos, urbanizaciones y reubicación forzada de nómadas locales ocurrió rápidamente.

El ferrocarril Xizang, el cual abrió en 2006, transporta vastas reservas de minerales, piedra y maderas a China continental y trae un sinnúmero de ingenieros y trabajadores chinos, quienes han construido al menos 160 represas a través del Tíbet y tienen planes para cientos adicionales.

Ingenieros chinos ahora operan múltiples represas y minas a lo largo y ancho del Tíbet, contaminando las fuentes de los ríos, puedes ver todo esto con la aplicación Google Earth. El gobierno chino desestima las preocupaciones de sus propios científicos y de los estados vecinos alarmados por el repentino declive de los niveles de agua y la pesca.

En la década de los 90’, China rechazó firmar el tratado de las Naciones Unidas sobre ríos transfronterizos e incrementó la militarización de la meseta tibetana, mientras denegaba a periodistas y observadores internacionales acceso a la problemática región.

El autor Michael Buckey, quien capturó unas raras imágenes de construcción de represas en su film “Deshielo en el Tíbet”, observó: “China no tiene que escuchar a nadie sobre esto. China tiene al Tíbet, entonces China tiene todas las cartas”. (Para acceder a los videos y archivos del Sr. Buckley se puede visitar www.meltdowntibet.com).

Cuando recientemente se le preguntó sobre la crisis en el Tíbet, la prensa oficial china mencionó: “El Dalai Lama nos recuerda a los incontrolados y crueles Nazis durante la segunda guerra mundial….Cuan similar es al holocausto cometido por Hitler contra los Judíos!

Muchos diplomáticos y periodistas están desconcertados por la obsesión china en demonizar al Dalai Lama, el distinguido y laureado acreedor del Premio Nobel de la Paz, sin embargo, la histeria stanlinoide del politburó funciona. Se silencia toda discusión racional de la explotación china de los recursos del Tíbet, y se desvía la atención lejos de cómo las minas y presas chinas han creado una amenaza de catástrofe ambiental en el más populoso continente del planeta.

La preservación y cuidado de los glaciares del Tíbet y los ríos que sustentan es uno de los grandes retos que enfrenta la humanidad en el siglo XXI. En los 11 países a través de los cuales las aguas del Tíbet fluyen, se proyecta que la población y el desarrollo industrial crezcan al doble en los próximos 50 años.

El efecto combinado del rápido desarrollo, desertificación y escasez de agua ya crearon extremos ciclos de sequías e inundaciones, escasez de alimentos y pandemias. China continental está en peligro, tanto que en abril de 2011, el río Yangtze fluyó a su más bajo nivel.

A pesar de las irrefutables evidencias del peligro de sobreexplotar los recursos hídricos del Tíbet, el régimen chino no modificará o disminuirá sus planes para represas, túneles, ferrocarriles y autopistas a través de la meseta tibetana.

Desde que el líder Mao invadió el Tíbet en 1951, China ha desplegado una gigante infraestructura militar en toda la meseta tibetana, lo cual le da a China una frontera continua con Tailandia, Myanmar, Bután, India, Nepal y Pakistán. Las áreas fronterizas están ahora llenas de bases aéreas militares y batallones. En la próxima era de “guerras por agua”, China tiene mano firme sobre el pilar de agua de Asia.

China insiste que el Tíbet es un “asunto interno del Estado”, y por décadas, el mundo ha dado la espalda en un incómodo silencio mientras la masacre de una población civil indefensa, continúa sin nadie que se le oponga y sin castigo. El Partido Comunista Chino ha controlado por 61 años la narrativa, pero ignorar al Tíbet significa desestimar cómo la ocupación china intensifica la inestabilidad ambiental, económica y militar en Asia y en el mundo entero.

Tsetan, un periodista tibetano basado en Delhi, dice: “Por años, hemos protestado por la profanación a nuestra cultura, la dominación de nuestros ríos y la minería en nuestras montañas sagradas, pero China no escucha: ellos nos dispararon, nos torturaron y no hay nadie quien los detenga. Ahora la gente dentro del Tíbet está determinada a encender sus cuerpos para hacerle entender al mundo lo que China está haciendo en el Tíbet y así el mundo despierte antes de que sea demasiado tarde".

* Maura Moynihan  es una periodista e investigadora  quien ha trabajado por muchos años con refugiados tibetanos en India y Nepal. Su trabajo en ficción incluye “Yoga Hotel” and “Kaliyuga”. Este artículo fue publicado en primer lugar por Rangzen Alliance (rangzen.net)

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Data noticia: 
Monday, September 16, 2013
Type: 
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