Casa del Tibet

CRONICA: La muerte del Nobel Liu Xiaobo, último ejemplo de la represión china

CRONICA: La muerte del Nobel Liu Xiaobo, último ejemplo de la represión china

por MARCEL SANROMÀ 
2017-07-20

Disidente. Abandonado y desatendido en prisión, con un cáncer sin tratar, y acompañado por la policía secreta hasta su último suspiro. Su marcha nos recuerda que la apertura económica china no ha ido acompañado de un abandono de sus brutales métodos represivos



La muerte del Nobel Liu Xiaobo, último ejemplo de la represión china | La Crónica de Hoy

Un retrato de un Liu sonriente acompaña la triste escena de su silla vacía en la entrega de los premios Nobel de 2010.

Una silla vacía y mucha gente observándola. Un letrerito con su nombre y su retrato proyectado en una pantalla. Así recibió en 2010 el Premio Nobel de la Paz el activista y disidente chino Liu Xiaobo. Él ya estaba en prisión desde hacía meses, acusado de subversión por haber firmado la “Carta 08”, un manifiesto firmado por 303 intelectuales chinos demandando al régimen su apertura a un sistema más democrático.

El mundo mostró su admiración y respaldo a la carta, pero Pekín persiguió a sus firmantes, y terminó encarcelando a Liu. Su condena era de 11 años de prisión (debía salir en diciembre de 2020), pero un cáncer de hígado le mató la pasada semana. Enfermo, Liu seguía encerrado en prisión, y sólo le trasladaron a un hospital cuando ya estaba en fase terminal. Le habían notificado su cáncer en mayo. Queda la duda de si el gobierno chino le desatendió hasta el punto de no percatarse de la enfermedad hasta entonces, o de si se lo ocultaron a él y al mundo.

Le negaron salir del país del mismo modo que le negaron el derecho a manifestarse. Su última imagen, débil, encamado, y rodeado de personal, sin saber quiénes eran médicos y quiénes eran agentes del gobierno. Hasta en su funeral, había policía secreta. La brutalidad del régimen chino convirtió a Liu en el primer Nobel de la Paz en morir en prisión desde Carl von Ossietzky, galardonado en 1935, que falleció tres años después, encarcelado por el régimen alemán nazi, que le condenó por traición.

Su caso es una clara muestra de que, pese a que los cuellos mao han desaparecido de las fotografías oficiales y los rascacielos han poblado las grandes ciudades del país, el gobierno del gigante asiático continúa siendo un régimen autoritario que no permite la disidencia.

TIANANMÉN. Sin ninguna duda, el episodio más conocido de la historia represiva del gobierno chino fue la masacre de Tiananmén, ocurrida el 4 de junio de 1989. Todo empezó el 15 de abril de ese año, con la muerte de Hu Yaobang, hasta dos años antes, secretario general del Partido Comunista Chino. Hu había conseguido respaldo popular por su visión reformista, consiguiendo rehabilitar a los perseguidos durante la Revolución Cultural. En 1987 el partido le obligó a dimitir por considerarle blando con unas protestas estudiantiles, lo que ayudó a generar una imagen de Hu como reformista benevolente. El régimen trató de minimizar su muerte, lo que generó las primeras protestas.

Tras un mes de manifestaciones, que cada vez más derivaron en la exigencia de reformas más profundas y democratizadoras, el gobierno decretó la ley marcial el 20 de mayo. La madrugada del 3 de junio, los tanques llegaron al epicentro de la protesta, la plaza de Tiananmén. La CIA estadunidense estimó las muertes en entre 400 y 800, pero la Cruz Roja China eleva la cifra a 2 mil 600. Ante las majestuosas puertas de la Ciudad Prohibida, las protestas murieron con el derrame de sangre de conciudadanos, y lo mejor que dejaron aquellos días al mundo fue la icónica imagen de un hombre, cargando una bolsa, plantado frente a los tanques. Desde entonces, silencio oficial.

TIBET. Pero el historial represivo chino arranca casi a la vez que la victoria de Mao, en mayo de 1950. Apenas medio año después, las tropas del ejército popular chino invadieron Tibet, y poco después se firmó el acuerdo de 17 puntos que integró el territorio dentro de la soberanía china.

Apenas seis años después de la invasión, estalló la primera rebelión tibetana, que terminó con una brutal represión, que masacró a miles de civiles en 1959. La brutalidad del régimen se repitió durante la Revolución Cultural de Mao, cuando el estado asesinó a varios monjes budistas y destruyó miles de templos y monasterios.

Así, Tibet sigue siendo una de las grandes causas internacionales, a menudo apadrinada por Estados Unidos y con una exposición mediática a la que contribuye la activa militancia del actual Dalái Lama, Tenzin Gyatso.

De hecho, el último gran episodio de represión ocurrió en 2012, cuando, después de dos años de ocurrir esporádicamente en provincias chinas con población tibetana, como Sichuán, ciudadanos tibetanos empezaron a quemarse a lo bonzo en Tibet, a modo de protesta contra Pekín. La campaña fue seguida con una ola de detenciones, que, según Radio Free Asia, una emisora ligada a EU, el gobierno arrestó a 600 personas. Sus delitos incluían haber grabado las inmolaciones con sus celulares.

SIN CIFRAS. Cuantificar la represión china es prácticamente imposible. El gobierno raramente aporta cifras; no lo hizo con Tibet hace cinco años, ni con Tiananmén, hace 28. Amnistía Internacional hace cada año un informe sobre la evolución de la pena de muerte (cuánta gente fue ejecutada, cuántas sentencias se firmaron, en qué países, etcétera), y el listado siempre incluye un asterisco: “China no proporciona datos”, pero se da por seguro que supera a todos los demás.

¿CORRUPCIÓN? Pero la represión china no se ha centrado únicamente en azotar a la población, sino que los tentáculos del gobierno también se han cebado con rivales políticos. El actual presidente, Xi Jinping, se ha destacado por insistir en la lucha contra la corrupción; ha hecho bandera de ello, y lo ha hecho a la vez que la fractura entre corrientes del PCCh aumenta.

No son pocos los que piensan que la lucha anticorrupción es en realidad más que nada una manera de quitarse rivales de en medio, ante el cónclave del partido que este otoño debe definir el futuro del régimen (Xi deberá abandonar la presidencia en 2023).

El último ejemplo de posible purga encubierta es el de Sun Zhengcai, quien este pasado sábado fue destituido fulminantemente como jefe del Partido en la megalópolis de Chongqing (36 millones de habitantes). De él se esperaba que fuera pieza clave en dicho cónclave, y muchos creían que sería el próximo número dos del gobierno, en relevo del actual primer ministro, Li Keqiang.

Sun ha cometido “violaciones graves de disciplina”, que es como acostumbra a definir el partido los casos de corrupción. Sun forma parte de una corriente alternativa a la de Xi, y su relevo en Chongqing, Cher Min’er, forma parte del grupo próximo al presidente. Aumenta la tensión camino al XIX Congreso del PCCh.

Data noticia: 
Friday, July 21, 2017
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