Casa del Tibet

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LA VANGUARDIA: Tíbet catalán y exilios

LA VANGUARDIA: Tíbet catalán y exilios

Nuria Escur
23/11/2019

Te sientes catalán pero eres español porque lo dice tu DNI, te sientes ateo pero eres católico porque te bautizaron. Puede que te sientas mujer y naciste hombre. Ser y sentirse no es lo mismo. La vida es una jodida cadena de disyuntivas y aunque los imperativos legales te atenazan, por suerte, el sentimiento identitario aún lo eliges.

En mayo del 2002 un niño de tres años –nepalí– paseaba con su familia adoptiva –catalana– por el circuito de la Festa de la Diversitat, cita barcelonesa de la comunidad progre contra el racismo, entonces de obligada asistencia. A unos metros apareció un monje tibetano de cabeza rapada. Se parecía un poco a Rayo Bendito, el lama que ayuda a Tintín a encontrar a Chang. El niño se soltó de la mano de su madre, corrió como loco dirección norte y se echó al cuello del lama. ¿Qué debió de pasar, qué emoción o qué recuerdo, por su cabeza? ¿Qué alerta se disparó al ver una túnica azafrán?

El tibetano, como nadie, sabe que te sientes de donde quieres pero estás donde te dejan

El monje sonrió y comieron juntos entre los tenderetes. Les explicó cómo, de pequeño, huyendo de la persecución china, su madre fue asesinada –una más entre el millón de víctimas del genocidio tibetano– y cómo él, a hombros de su padre, cruzó el Himalaya en días interminables. Cómo se convirtió en niño mendigo por las calles de Nepal y a los 16 años entró en el monasterio del Dalái Lama.

Se acercó al oído del niño y le dijo, en su idioma: “Vivas donde vivas, no olvides tus orígenes”. Otra vez la identidad. Regaló un namasté y se fue. Desde entonces, y hasta hoy, cuando le preguntan “¿de dónde eres?” él contesta “català del Nepal”. La familia no supo, hasta muchos años después, mirando la televisión, que aquel monje de sonrisa sempiterna y calva resplandeciente era Thubten Wangchen, director de la Casa del Tibet en Barcelona.

Volví a ver a Thubten hace unos días en el Verdi. Presentaba un documental genial sobre la pasión del Dalái Lama por la ciencia (“de no haber sido Dalái habría sido ingeniero o electricista”) y celebraba el 25.º aniversario de la Casa del Tibet. A su lado, en la butaca, su jefe: el presidente del Parlamento Tibetano en el Exilio. Raíces, pertenencia, identidad. Las llevas contigo, da igual qué tierra pises. El tibetano, como nadie, sabe que uno se siente de donde quiere pero está donde le dejan.

Estos días, en Nepal, parte de la comunidad sij celebra el desfile del Nagar Kirtan: rezan de noche y comparten lo que hay entre los asistentes “vengan de donde vengan”. Yo me acabo de enterar –no somos budistas (a punto estoy) ni sij– y el niño del que les hablaba, hoy un chaval, tampoco lo sabe. Se lo contaré esta noche en casa.

 

Data noticia: 
Dilluns, 25 Novembre, 2019
Tipus: 
Notícia sobre la Casa del Tíbet