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EL MERCURIO: El cambio de la vida en el Tibet, Henrich Harrer, 7 años en el Tíbet, Nanga Parbat

EL MERCURIO: El cambio de la vida en el Tibet, Henrich Harrer, 7 años en el Tíbet, Nanga Parbat

Henrich Harrer publicó 23 libros sobre sus aventuras en Alaska, los Andes y Uganda, pero fue su viaje por los Himalayas en los años cuarenta, narrado en Siete años en el Tíbet, el que lo convirtió en uno de los autores fundamentales para entender esta mítica región. Un relato que ha inspirado a miles de aventureros y que se hizo aún más famoso en 1997, por la película del mismo nombre que ganó nueve premios Oscar.

E n el Tíbet, un hombre que alguna vez abrazó las ideas del nazismo y que llegó a formar parte de la SS -la policía secreta nazi y guardia personal de Hitler-, se convirtió en otro. Heinrich Harrer llegó por accidente a Lhasa, la Ciudad Prohibida del Tíbet, y se quedó a vivir allí durante siete años, entre monjes budistas y banderas de plegarias flotando en el viento. A los 37 años se convirtió en el tutor y mejor amigo del décimo cuarto Dalai Lama, y en 1954 publicó la que se considera una de las obras fundamentales sobre esta mítica región: Siete Años en el Tíbet. Un libro que no solo cambió la forma de ver y entender esta parte de Asia -y lo que allí pasaba, sobre todo tras la invasión del ejército chino en 1950-, sino que también se convirtió en una especie de tratado sobre cómo una persona puede dejar una vida para empezar otra distinta al otro lado del mundo.

"Mientras miraba las banderas de oraciones que anunciaban mi salida de Lhasa, me di cuenta de que habían pasado siete años desde que había cruzado ese mismo umbral (...). Ya fuera del Tíbet, después de muchos años me encontraba entre europeos nuevamente. Ellos me miraban con extrañeza, y yo me sentía un extraño entre ellos", dice Harrer en su libro, que a la fecha ha sido traducido a 53 idiomas.
Nacido en 1912 en Hüttenberg, Austria, Heinrich Harrer creció soñando con ser un alpinista famoso. En 1938, con 26 años, lo logró: fue parte del primer grupo de hombres que conquistó la cima de la cara norte del Eiger, en los Alpes suizos. Un año después fue invitado a la expedición que intentaría subir el Nanga Parbat, uno de los "ochomiles" del Himalaya, lo que finalmente lo condujo a Lhasa, la capital del Tíbet y hogar del Dalai Lama. En esa época era un sitio prácticamente inexplorado. "Solo había tres lugares en el mapa del Tíbet que trajimos con nosotros, pero ahora lo hemos llenado con más de doscientos nombres", escribe Harrer.

La expedición al Nanga Parbat (que en ese entonces pertenecía a India; hoy corresponde a Pakistán) estuvo liderada por el también austríaco Peter Aufschnaiter, y al poco tiempo tuvo problemas. La Segunda Guerra Mundial había estallado y en India fueron detenidos por oficiales ingleses y llevados como prisioneros a un campamento en la zona. Después de tres intentos por escapar, Harrer, Aufschnaiter y otros compañeros lograron huir y finalmente llegaron a Lhasa, el 15 de enero de 1946. Así lo cuenta Harrer en su libro: "A medida que nos acercábamos, los techos dorados del palacio Potala se levantaban cada vez más altos frente a nosotros. Cuando por fin vimos la gran reja custodiada por tres guardias, nuestra emoción era intensa (...). Pero no había nada, ni soldados ni puestos de control en la entrada, así que nos mezclamos con un grupo de locales y atravesamos inadvertidos las grandes puertas".
 

La emoción, sin embargo, duró poco. A diferencia de otras aldeas del Tíbet y Nepal a las que habían llegado pidiendo asilo, en Lhasa los extranjeros no eran bienvenidos. "Los sirvientes de las casas a las que tocábamos la puerta en busca de comida y agua nos imploraban que nos fuéramos, pero era demasiado el cansancio y el hambre. De pronto, todas las personas a nuestro alrededor dejaron de llorar por nuestra presencia. Habían visto nuestros pies heridos y sintieron lástima". Con el tiempo, Harrer y Aufschnaiter se fueron convirtiendo en unos habitantes más del Tíbet. "En el Tíbet uno no se siente perseguido de la mañana a la noche por el llamado de la 'civilización'. Aquí, uno tiene el tiempo de mantenerse ocupado con la religión, y llamar al alma como algo propio".
 

Pero fue unos años después, en 1949, cuando ocurrió el hecho más significativo de su viaje. Para entonces, Harrer se había convertido en el tutor y mejor amigo del Dalai Lama, un niño-dios de apenas 14 años que, según Harrer, "parecía una persona que por años había meditado en silencio sus problemas, y ahora que por fin podía hablar con alguien al respecto, quería saber todas las respuestas al mismo tiempo".  
Después de abandonar Lhasa en 1951 a causa de la invasión del ejército chino en el Tíbet, Harrer se lanzó a escribir el relato de su experiencia, que publicó en 1954. El austríaco solo regresó a esta ciudad en 1982. Lo que encontró ahí fue una cultura devastada por los campamentos militares. La gran reja ya no existía, tampoco muchos de los monasterios, escuelas y casas. Un reportaje de 1993, publicado por The New York Times, daba cuenta de la importancia del registro de Harrer.  "Sin las fotografías de Siete años en el Tíbet, habría, de hecho, muy poca evidencia de la riqueza cultural que alguna vez llenó la inmensidad de los Himalayas", dice ese texto.

En 1997 se estrenó la película basada en su libro, que protagonizó Brad Pitt. Sin embargo, a solo un mes de su estreno, la revista alemana Stern publicó un artículo donde se revelaba el pasado nazi de Harrer: a los 21 años se había registrado en el partido cuando todavía era ilegal en Austria, para más tarde formar parte de la SS de Hitler. Harrer explicó que en esos años nunca cometió ningún crimen ni atrocidad, y que la verdadera razón para unirse a ellos fue para liderar el grupo de esquí austriaco auspiciado por el partido nazi, aunque años más tarde admitió estar arrepentido de su error.

Heinrich Harrer falleció en 2006 a los 93 años, habiendo publicado 23 libros sobre sus aventuras por lugares tan remotos como Alaska o Uganda. Pero, sin duda, fue su experiencia en el Tíbet lo que más lo marcó. "Donde sea que viva, sentiré nostalgia del Tíbet. Muchas veces pienso en los llantos de los gansos salvajes y de las grullas, y cómo batían sus alas cuando volaban sobre Lhasa en las noches claras y frías. Mi corazón desea que mi historia pueda crear alguna clase de entendimiento sobre personas cuyo anhelo por vivir en paz y libertad ha tenido tan poca simpatía por parte de un mundo indiferente".

Data noticia: 
Dilluns, 27 Març, 2017
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