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EL DIARIO.ES: El arte oculto del Tibet al descubierto

EL DIARIO.ES: El arte oculto del Tibet al descubierto

EFE - Madrid
28/03/2018

El arte oculto del Tibet al descubierto
El arte oculto del Tibet al descubierto

Cuando el fotógrafo Thomas Laird llegó en 1986 al Templo de Lukhang y vio los murales que adornaban esta pequeña capilla de meditación en Lhasa pensó inmediatamente que tenía que mostrar este tesoro del arte tibetano al mundo. Pero tuvieron que pasar 30 años para que su sueño se hiciera realidad.

Ya entonces realizó algunas fotografías, pero no tenían mucha calidad. "Eran solo detalles de los murales, era imposible sacar uno entero en una sola toma, eran demasiado grandes y no había distancia para tomar las fotos", recuerda Laird en una entrevista telefónica con Efe.

Tuvo que esperar a que se desarrollara la técnica fotográfica digital para poder utilizar el sistema de captura múltiple mediante panorámicas planas o esféricas, es decir, muchas fotografías tomadas desde exactamente la misma distancia para luego componer en el ordenador la imagen completa de cada mural.

Una hora de trabajo in situ para el más pequeño y hasta una semana en los de mayor tamaño para un total de 200 murales que Laird fotografió en cinco expediciones diferentes y que luego trabajó individualmente en el ordenador en jornadas agotadoras hasta lograr la calidad necesaria para unas espectaculares imágenes que se pueden ver en un enorme volumen publicado por Taschen.

Enorme por tamaño -70x50 centímetros y 23 kilos de peso- y por concepto. Casi 500 páginas con 6 desplegables que se puede contemplar en toda su belleza sobre un atril diseñado específicamente para este libro por Shigeru Ban, Premio Pritzker de Arquitectura 2014.

Siete años de trabajo concentrados en un volumen de tirada limitada: 998 ejemplares de coleccionista firmados cada uno de ellos por el dalai lama y en dos versiones.

La más sencilla, el enorme libro con las preciosas imágenes tomadas por Laird, con el atril y una 'pequeña' guía explicativa en inglés de 528 páginas. Son 918 ejemplares a 10.000 euros, a la venta desde esta semana.

Si se añade una lámina impresa en yeso y pan de oro con marco hecho a mano de madera maciza, los 80 compradores se llevarán a casa una joya bibliográfica por 25.000 euros.

Pero más allá de la cuidadísima edición de Taschen -cada lámina se imprimió cinco veces hasta dar con la máxima calidad-, el objeto de Lair cuando consiguió que Benedikt Taschen aceptase el reto de llevar a cabo este proyecto era, por encima de todo, dar a conocer estos murales.

Mil años de historia artística del Tibet repartidos por cientos de templos de todo su territorio y que hasta los años cincuenta apenas habían sido contemplados por los dalai lamas y maestros de meditación en su proceso de aprendizaje del budismo.

De difícil acceso en muchos casos y casi imposible en otros (algunos están pintados a nueve metros de altura), los coloridos murales son un recorrido detallado por la historia y la filosofía budista, que durante siglos permanecieron ocultos a los ojos de los profanos.

Dorados, rojos y verdes dominan los dibujos simples en apariencia pero profusos en tantos detalles que hacen interminable su contemplación, como en el caso de los de los templos de Jokhang, Lukhang o Gyantse.

Laird estaba tan obsesionado con mostrar al mundo estos murales que no fue consciente del desafío en el que se metía cuando en 2009 empezó a usar las nuevas técnicas para poder reproducir los murales en papel.

"Cuando el dalai lama me habló de la importancia de los murales para su cultura, entonces pensé: 'tengo que hacerlo' (...) y cuando los talibanes destruyeron los Budas de Bamiyán (Afganistán) supe que no podíamos retrasar más el proyecto", recuerda Laird.

Era 2001. Aún tardaría unos años en concretarlo con Taschen y en el camino se unieron el profesor Robert A.F.Thurman, que escribe sobre el significado espiritual de los murales o los especialistas Heather Stoddard y Jakob Winkler, que analizan la técnica de cada imagen.

Un libro con el que Laird espera lograr su objetivo, que es mostrar al mundo un arte y una cultura que es mucho más cercana de lo que podemos creer en occidente.

Y hace una divertida comparación con el Quijote de Cervantes de protagonista. "Cuando viví en el Tibet y Nepal, mi vida allí era parecida a la de Don Quijote. Me movía a caballo y tenía que confiar ciegamente en mi caballo. Creo que Don Quijote no se hubiera sentido extraño allí", dice entre risas.

Alicia García de Francisco

Data noticia: 
Dijous, 29 Març, 2018
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